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Jueves, 20 Junio 2013 13:29

Bomberos de Tequisquiapan: compromiso a prueba de fuego

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Cuarenta y cinco voluntarios, atienden el 90 por ciento de las emergencias del municipio de Tequisquiapan y sus alrededores. Son una organización de la comunidad al servicio de la comunidad que no reciben salario ni de particulares ni del gobierno…

Texto: Diana Teresa Pérez
Fotos: Roberto G. Garza

Los Bomberos en Tequisquiapan no sólo apagan incendios, van a todo: caídas, infartos, partos, fugas de gas, animales en el techo, ahogados, accidentes de tránsito, rescates en pozos y por supuesto, donde hay fuego.

No hay descanso, el teléfono suena hasta 260 veces al mes para pedirles ayuda y de estas demandas, el 60 por ciento son emergencias médicas. Juan Manuel López, comandante en jefe de los Bomberos, suspira y concluye que “la verdad, el sector salud deja mucho que desear”, al menos en esta sección del país.

Y es que no sólo es el esfuerzo de acudir al llamado del enfermo, sino la lucha para que alguien lo atienda. En Tequisquiapan no hay suficiente oferta hospitalaria y más si se trata de especialidades, por lo que los Bomberos deben trasladar a los pacientes a centros médicos en San Juan del Río, Cadereyta y, en contadas ocasiones, a la ciudad de Querétaro.

Pero no siempre los quieren recibir. “Hemos tenido que levantar actas ante el Ministerio Público en contra de algunos doctores”, lamenta el comandante. Los fines de semana el trabajo aumenta. Al parecer, las personas relajan un poco más la responsabilidad y es cuando se generan los accidentes.

Tres personas de planta y ocho por turno, montan guardia en la central día a día. No son suficientes los 45 voluntarios para cubrir la demanda, pero tienen una voluntad a prueba de tiempo. La mayoría de ellos han colaborado más de 4 años en la institución. Hay oficiales que entraron de doce años y han crecido ahí, entre bomberos.

La mayoría de ellos son jóvenes de entre 20 y 30 años de edad, totalmente comprometidos con el servicio a la comunidad. Como organización de voluntarios, básicamente ellos mismos se financian hasta sus uniformes, ahorrando con esfuerzo parte del salario que reciben en sus trabajos remunerados.

Es común que cuando un bombero logra ahorrar suficiente para comprar una chamarra, guantes o botas, emocionado, llega con sus compañeros para mostrarles su útlima adquisición. El resto, corresponde, hacen “bolita” alrededor de él y los festejos empiezan.

Precisamente por su juventud, las mañanas en la Central son las más difíciles. Muchos de ellos van a la escuela en ese horario, pero el comandante afirma con orgullo que “somos eficientes por el equipo y la capacitación que tenemos”, que ellos mismos, y con ayuda de donadores, han logrado obtener a lo largo de 14 años operando en la región.

El otro 40 por ciento de los eventos, son mayoritariamente incendios forestales, y el 50 por ciento de éstos son intencionales, por descuido o por negligencia.
“Hay una falta de cultura para la quema agrícola: muchas veces queman y se van. Es una situación muy seria porque hay afectaciones a terceros y la gente no lo piensa. Queman pasto y el incendio se extiende hasta la casa del vecino”.

De tanto acudir a llamados, han adquirido la experiencia que ahora les vale para que la Procuraduría de Justicia del Estado los considere peritos en incendios. Pero subrayan que muchos de estos siniestros pueden evitarse si logramos erradicar la negligencia de la cultura ciudadana.

“Nadie hará nada por nosotros”

Corría el año de 1999. Juan Manuel, de origen mexiquense con experiencia en la Cruz Roja de su estado natal, dio un curso de primeros auxilios en Tequisquiapan y cuál no sería la sorpresa que ahí, afuera en la calle, atropellaron a un individuo. “Pasaron 20 minutos y no venía nadie. Salimos a ayudar. La ambulancia tardó una hora y media, venía de San Juan del Río”.

Era evidente que el lugar necesitaba un servicio de emergencias que estuviera más a la mano de la comunidad. “Después de mucho batallar, porque no había recursos ni apoyo, llegó un momento en que caímos en cuenta y cambiamos el punto de vista: nadie iba a hacer nada por nosotros, sino nosotros mismos”.

Realizaron una campaña de perifoneo en la que convocaron a un curso de cuatro meses en el CETIS 142. Llegaron 8 personas y quedaron cuatro.

Así, Juan Manuel, Rodolfo Vázquez González, José Antonio Ledezma y Gustavo Romero, juntaron para un remolque de madera, un tanque de mil litros y una bombita de dos tramos.

Con eso empezaron a denominarse Bomberos Voluntarios con base en Pedro Escobedo.

Con sus propios celulares y pagando la gasolina de sus bolsillos, empezaron a ir y venir por Pedro Escobedo, Ezequiel Montes, Tequisquiapan, tratando de ayudar lo más que podían.

Para el año 2003, movieron su base a Tequisquiapan y con la mudanza vino también un cambio de mentalidad: era necesario tener una estructura sólida para poder ser más eficientes en el servicio. Desde entonces, Bomberos de Tequisquiapan, es una institución con un organigrama, valores y misión, bien clara y definida.

Juan Manuel, el comandante, se gana la vida como técnico en Seguridad Industrial en una empresa privada; Rodolfo es Director de la Academia de Bomberos; José Antonio, Director de Operaciones Especiales y Gustavo, Director de Desarrollo Institucional. Todos ellos sonrientes, formales y ojerosos –porque además trabajan en otras empresas para sustento de sus familias- explican con emoción el proceso por el cual hoy, son una de las mejores instituciones de Bomberos del país, a pesar de que hace una década, funcionarios del gobierno sentenciaron: “a los bomberos, ni un peso”.

Lidiando con la muerte

Hace tres años la central de Bomberos recibió una llamada: a la altura de San Nicolás, el tren había chocado contra una camioneta. Eso dijeron quienes llamaron, pero la realidad fue más cruel: era un niño de cinco años que andaba en bicicleta por las vías. La madre caminaba 100 metros delante de él. El maquinista silbó, pero el niño no supo qué hacer y no hubo tiempo para frenar.

El impacto para los bomberos fue enorme: tenían que recuperar el cuerpo desperdigado del niño entre las vías. “Uno piensa muchas cosas, que dónde estaba la mamá, por ejemplo”, cuestiona el comandante, “mi hijo tenía la misma edad más o menos. Y los bomberos, llorando, aunque estén impactados, tienen que recuperar el cuerpo”.

Pertenecer a la organización tampoco los hace inmunes a accidentes. Es como una mala broma recibir una llamada para ir al rescate de cuerpos como el de una compañera, o el hijo de otro bombero, fallecidos en percances vehiculares.

Los bomberos no sólo deben tener conocimientos técnicos para resolver cualquier emergencia, sino estar preparados psicológicamente para el impacto emocional al que se enfrentan a diario. Por este motivo, una vez al mes tienen pláticas con psicólogos, tanatólogos y recientemente han integrado a un médico en salud ocupacional a sus filas.

La mayoría de los accidentes son por negligencia o falta de conciencia, y por ello, formaron el grupo Dragones, que son niños que se dedican a dar pláticas para prevenir accidentes que pueden ser fatales.

Una “segunda oportunidad”

“No es la fatalidad sino la irresponsabilidad lo que provoca los accidentes”, afirma el comandante y agrega que el 80% de los accidentes vehiculares entre jóvenes de 20 a 32 años de edad, son por exceso de alcohol y drogas.

Por eso, los bomberos no se cansan de repetir que “el ciudadano tiene que entender que nadie lo va a cuidar más que él mismo”.

Gustavo, Director de Desarrollo Institucional, convoca constantemente a talleres y pláticas de reflexión tituladas “Segunda oportunidad”, para la comunidad en general, pero más enfocada a los jóvenes, con el objeto de que tomen conciencia de lo trágico que puede resultar un accidente.

En los talleres, presentan testimonios de personas que, por manejar en estado de ebriedad, sufrieron accidentes que les provocaron alguna discapacidad; también muestran índices de accidentes; porcentajes de jóvenes bajo los efectos de drogas y alcohol; videos de personas que pasan por el alcoholímetro y llevan a cabo un simulacro de accidente, con todo y heridos perfectamente maquillados para hacerlos lo más real posible y lograr un impacto entre los asistentes.

Para los bomberos es importante que la gente reflexione que a veces, ni siquiera hay una segunda oportunidad y está en sus manos tomar todas las precauciones posibles para vivir una mejor vida.

Si deseas apoyar a los Bomberos de Tequisquiapan, haz una donación en línea: http://bomberostx.org.mx/ayudanos/donaciones, o contáctalos a traves de los teléfonos: 
Tel. y fax 414 27 3 61 09 
Tel.  414 27 3 45 35 
O al correo: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
O visita su página de internet http://www.bomberostequisquiapan.com.mx/ o http://bomberostx.org.mx/

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