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Lunes, 03 Junio 2013 13:42

El Poder de una Sonrisa

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¿Qué es lo que nos lleva al altruismo? Las razones y las circunstancias son personales y se manifiestan de forma diferente en cada quien. Andrea, una Cirujano Dentista de Cadereyta, nos cuenta cómo decidió servir a los niños más necesitados de manera individual y a nivel comunitario haciendo lo que mejor saber hacer y más le apasiona.

El Poder de una Sonrisa

Texto por: Silvia Gurrola Bonilla
Fotos: Roberto G. Garza

Tratar de manera gratuita a un cliente no es un gesto común, mucho menos cuando el tratamiento implica pagar del propio bolsillo diversos y muy costosos materiales de odontología. Sin embargo, La Dra. Andrea Isela González Hernández, Cirujano Dentista, hace este trabajo con absoluta incondicionalidad, al igual que lo ha hecho en los últimos dieciséis años, en los que, año con año, atiende gratuitamente a dos o tres niños de acuerdo a sus posibilidades, pues, como ella lo indica; “quisiera poder hacer más, pero yo, como toda la gente, también tengo que comer”.

Andrea llegó a Cadereyta hace casi diecisiete años, junto con su esposo –también odontólogo–, para establecer un consultorio en común. Afectados por la terrible crisis económica causada por la devaluación del ´95 llegaron a ese municipio decididos a probar suerte y comenzar de nuevo. “Un año después de llegar aquí, nuestra situación económica estaba bajo control, todo gracias al apoyo de gente muy querida que conocimos en éste lugar. Fue entonces cuando mi esposo y yo decidimos devolverle a Cadereyta algo de lo mucho que nos estaba dando”.

Premiando la valentía

Daryan se hizo acreedora a un tratamiento dental gratuito. Andrea la ha venido tratando desde hace casi dos meses y, en su tercera cita le fue colocado su primer tornillo de expansión. La pequeña mujercita llegó con su padre al consultorio. Él vestido con su uniforme de policía y ella vistiendo su ropa de calle, después de haber dejado su uniforme de la escuela en casa. Ambos llegaron al consultorio dental ubicado a un costado de la de la plaza principal de Cadereyta, estado de Querétaro, justo al frente del Templo de San Pedro y San Pablo.

A su consultorio llegan todo tipo de personas, desde familias acomodadas que viven en Estados Unidos y prefieren sus servicios de alta calidad a bajo costo, hasta personas que, obligadas por el dolor, acuden a su consultorio sin saber cómo harán para pagar por sus servicios. Entre ellos no falta algún niño que no solo necesita una atención de emergencia, sino un trabajo profundo para evitar dramas similares en el futuro. “Al sugerir el tratamiento necesario y mencionar el costo, es común que la madre –quien generalmente acompaña a los pequeños– exprese su incapacidad para costear el tratamiento. Eso es lo que me lleva a hacer una evaluación y a seleccionar a los niños más necesitados”. 

Pero el caso de Daryan es diferente. Ella fue recomendada por una amiga de Andrea, quien se enteró de que la niña –de tan solo nueve años–, había cuidado a su mamá, a quien el cáncer de mama terminó por invadirle los huesos. Desde que Daryan comenzara la primaria, ya cuidaba de su madre, pero los dos últimos años antes de que falleciera fueron los más demandantes porque no pudo caminar más; necesitaba que le colocaran el cómodo, la bañaran, la cambiaran, alimentaran y, en los últimos meses, estuvieran al pendiente de ella cuando tenía alguna convulsión. “Yo le llevaba agua, le daba de comer en la boca y le daba sus pastillas y un día que se le antojó un helado, fui y se lo compré”,  dijo Daryan con una naturalidad propia de su edad, pero con una madurez que demuestra lo mucho que la vida la obligó a crecer.

“Atender a una persona en esas condiciones es pesado y desgastante, lo digo por experiencia, pues a mí me tocó atender a mi esposo por cinco meses antes de morir, por eso su historia me conmovió –dice Andrea–. Admiro mucho a Daryan quien, siendo tan pequeña, tuvo que asumir esa responsabilidad”.  Daryan tiene unos dientes sanos, pero necesita una ortodoncia que Andrea le quiso regalar como premio a su valentía, tenacidad y gran capacidad de dar.

Daryan, quien quedó huérfana hace más de tres meses, ha venido asimilando bien su duelo, pues reconoce que, por su condición, su madre ya tenía que descansar y ella junto con su familia, hicieron todo lo que pudieron. “Durante los dos últimos años, mis calificaciones bajaron, pero ya me estoy recuperando”, comenta la niña con una fortaleza ejemplar, sonríe y poco después se despide de Andrea mostrando orgullosa el estuche para el tornillo de expansión que prometió usar, lavar y cuidar muy bien. Así lo hará durante sus próximas citas durante un tratamiento que durará ocho meses.

Sirviendo a los más necesitados

Como cualquier persona generosa, Andrea no hace cuentas del apoyo que brinda. Su altruismo no lo da a cuenta gotas porque además de haber servido a casi medio ciento de pequeñines, ella también visita comunidades desfavorecidas de los municipios de Amealco y San Idelfonso en el estado de Querétaro y en El Capulín y Nopala en el estado de Hidalgo. Allí atiende a niños provenientes de escuelas que se concentran en algún lugar asignado por la Municipalidad. Una vez que alguien le asegura el transporte para la Unidad Dental Móvil, ella organiza el horario de sus consultas y acude al lugar acordado con el Municipio y, si sus hijas no están en la escuela, las lleva consigo. “Este trabajo me gusta, me llena de satisfacción y quiero que mis hijas aprendan”. 

En sus visitas comunitarias, además de quitar caries y hacer alguna que otra extracción, Andrea distribuye cepillos, pastas dentales y materiales educativos, algunas veces donados por los propios fabricantes y les enseña a los niños cómo mejorar sus hábitos de higiene bucal. “Pero no tengo transporte últimamente”, se lamenta en el momento que señala el equipo dental móvil que descansa en un pasillo de su consultorio. “Sólo necesito que alguien haga disponible una camioneta – cerrada o abierta–, con un chofer para que me acompañe durante una día entero. Yo pongo todo lo demás”.

Su altruismo no ha menguado a pesar de que en ocasiones, los familiares de sus beneficiarios no supieron guardar la confidencialidad que Andrea les pidió, para no crear falsas expectativas en su comunidad. No guardar la confidencialidad, ha ocasionado que algunas personas lleguen a su consultorio exigiendo servicios gratuitos, pues se enteraron de que ella no había cobrado por tratamientos completos. Lo cual es verdad, pero esto sucede sólo cuando ella hace una evaluación previa del paciente y en el momento cuenta con los recursos necesarios para poder costear el tratamiento de su bolsillo. 

Sin embargo, aunque la reacción de ciertas personas le haya creado problemas y frustración,  continúa siendo generosa y mostrando una  gran  capacidad de trabajo porque siempre termina encontrando la forma de superar los obstáculos que se le presentan.

Casos como el de Daryan, al igual que comunidades necesitadas se seguirán beneficiando si contribuyéramos con el trabajo de Andrea. Si deseas apoyarla con transporte o algún otro tipo de donación, por favor comunícate al teléfono: (+441) 276 03 61. Así, al igual que ella, aprenderás lo mucho que puede retribuirte el poder de una sonrisa.

 

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