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Sábado, 08 Febrero 2014 13:52

Paloma, al morir, da sus alas a su madre

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Norma Ledezma perdió a su hija Paloma en la Ciudad de Chihuahua en 2002, pero esa tragedia no la derrumbó, más bien le dio el coraje para iniciar una lucha incansable por la justicia, haciendo que decenas de palomas vuelvan a su nido.

Fotos: Justicia Para Nuestras Hijas

Paloma Angélica Escobar Ledezma, una hermosa chica de dieciséis años fue secuestrada en el 2002 en la Ciudad de Chihuahua. Su madre, Norma Ledezma Ortega, inició entonces una lucha incansable por encontrarla. Un mes después de su desaparición la encontró, desafortunadamente sin vida. Su cuerpo había sido colocado junto a un arroyo a las afueras de la ciudad, en una zona en la que después se encontraron los cuerpos de otras chicas. “Ante la tumba de mi Paloma, juré que no me detendría hasta dar con los responsables de su muerte.”, dice Norma con la mirada puesta más allá de la infamia, del abuso, la indiferencia y de la mediocridad de algunas autoridades y miembros de la sociedad. Sin embargo, nada la detiene para ir cosechando éxitos: tan solo en enero de 2014 su labor fue crucial en recuperar a dos jovencitas con vida, cuyas familias acudieron de forma inmediata a su organización; Justicia Para Nuestras Hijas, después de su desaparición.

Antes de la pérdida de su hija, Norma vivía con su esposo (un hombre violento que la maltrataba), con Paloma (una chica jovial, llena de sueños y ambiciones) y con su hijo (un jovencito estudioso, cuatro años menor que su hermana). Para entonces, Norma trabajaba en una maquiladora, lo que le permitía cubrir los gastos más apremiantes de su familia. 

Norma recuerda, con un aire de melancolía y satisfacción, que Paloma tenía tres sueños: Que su madre pusiera fin al abuso de su padre, que consiguieran una casa más grande para que vivieran ella, su hermano —“el bebé” como Paloma lo llamaba— y su madre y, como cualquier jovencita de su edad, deseaba llegar a ser famosa. Paloma no pudo conseguir esos sueños en vida, pero, indirectamente, su muerte hizo que cada uno de sus anhelos se realizara. Su madre está llena de satisfacción porque, efectivamente, al hacer uso de su amor propio, puso un alto al abuso de su esposo, no le guarda rencor, pero la relación ya estaba tan deteriorada que se divorció; a consecuencia de su arduo trabajo compró una casa en la que vive con su hijo y Paloma es ampliamente conocida en su estado y comienza a conocerse en otros rincones de México y del extranjero. Además, en su honor, como reconocimiento póstumo, el Centro de Justicia para las Mujeres en Chihuahua, lleva su nombre. 

Pero, para Norma, el dolor inmensurable de la pérdida de su hija no se atenuó al ver esos deseos hechos realidad. La forma tan cobarde y ruin que dio fin a su vida hizo despertar en ella un deseo imbatible por la justicia; “No tengo deseos de venganza, no, sino de justicia.” Desde su desaparición, Norma junto con otras seis familias, levantaron sus voces para exigir a diversas instancias gubernamentales que les ayudaran a encontrar a sus familiares y, poco después, se constituyeron como una asociación civil, que a lo largo de doce años ha ofrecido apoyo a cientos de familias con desaparecidos, a sobrevivientes de secuestros y a sobrevivientes de violencia de género (feminicidios, tráfico de personas, prostitución forzada y violencia intrafamiliar incluyendo la violencia emocional, física, económica y sexual generalmente perpetrada sobre las mujeres por parte del cónyuge).  

Como parte de su trabajo, Norma y su equipo de profesionales y voluntarios, ha tocado los corazones de miles de personas a través de la televisión, la radio y la prensa, así como por medio de marchas, conferencias, talleres, clases de yoga y obras teatrales que ayudan a prevenir la violencia principalmente en la Ciudad de Chihuahua y Ciudad Juárez. Varias familias han recurrido a Justicia Para Nuestras Hijas buscando apoyo y guía para encontrar a sus seres queridos y/o para empoderarse y poner fin a situaciones dramáticas de abuso y, aunque el nombre de la organización indica ´justicia para nuestras hijas´, varias familias han encontrado también a hombres de diferentes edades. Además, cientos de hombres han reconocido ser abusadores y han modificado su comportamiento al ser sensibilizados sobre las consecuencias atroces de la violencia intrafamiliar y la violencia en general. 

De la Norma de hace una docena de años atrás quedan su enorme capacidad de trabajo y el amor incondicional por sus hijos, pero de su tolerancia al abuso ya no quedan ni cenizas. La Norma que apenas contaba con sexto año de primaria hoy está cursando el sexto semestre de la licenciatura en Derecho. Nadie creería que alguna vez fue una modesta trabajadora de una maquiladora al ver la confianza que tiene en sí misma; como cuando —después de haber agotado otras instancias—, toma el teléfono, marca al Gobernador de Chihuahua y le hace saber de continuas violaciones a los derechos humanos. Es una campeona colaborando con diversas organizaciones civiles y entidades gubernamentales —a las que cíclicamente hay que sensibilizar y entrenar—, y se ha ganado el respeto de las primeras damas de la Ciudad de los últimos periodos gubernamentales. Hay que ver su capacidad de comunicadora al hablar elocuentemente ante la prensa, en una entrevista por televisión o cuando muestra sus agallas para hacer alguna denuncia de criminales sin temer por su vida. No se dobla ante representantes de la Organización de las Naciones Unidas, de la Unión Europea o de diplomáticos del Departamento de Estado de los Estados Unidos quienes visitan su organización para conocer ´la fórmula´ de un trabajo que ha ayudado a cientos de familias. Y, a pesar de ese carácter que la siembra como una amazona o como un emblema cargando la balanza de la justicia, con gran humildad declara: “Lo que me motiva y nos motiva aquí en Justicia Para Nuestras Hijas es hacer que más palomas vuelvan a su nido.” Porque, si para Norma la muerte de Paloma fue y sigue siendo una afrenta personal, para ella, y para su organización, hacer valer los derechos humanos se ha convertido en una misión. 

Norma, que cuando tiene suerte llega a dormir escasas seis horas al día y debería notarse exhausta, no para de asistir, abogar, denunciar, e inspirar a su equipo y a otros a quienes va tocando con su determinación y su calor humano. Es evidente que el espíritu de su adorada Paloma la sigue impulsando a volar.

Si deseas contactar a Justicia Para Nuestras Hijas, hazlo a través de estos medios: 

  • Telefono (+614) 4 13 33 55
  • E-mail: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. 

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