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Miércoles, 08 Mayo 2013 16:53

Atléticos de Tequis: del potrero a las ligas profesionales

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Desde hace seis años, todos los días, después de arduas horas de labor en el campo como jornalero, ganando apenas el sueldo mínimo, Antonio Estrada se convierte en un entrenador de béisbol que rescata a niños y jóvenes de la ociosidad de la calle y les inyecta pasión por el llamado “rey de los deportes”.

 

Texto: Diana Teresa Pérez
Fotos: Roberto González Garza

Un deporte, por cierto, que casi no recibe apoyo, debido a que su costo es alto. Pero para Estrada, la satisfacción es grande: precisión, paciencia, disciplina, que han resultado en la contratación de dos muchachos en ligas nacionales profesionales y tres prospectos más por firmar sólo en el último año.

Él, junto con los padres de familia, aporta lo que puede para que los muchachos cuenten con el mínimo equipo que les permita entrenar y desplazarse a los partidos como dignos representantes de “los Atléticos de Tequisquiapan”.

Un padre de familia hizo con sus propias manos -utilizando una red de pescar- la llamada “jaula” de bateo, que se coloca detrás de los peloteros para que las bolas no se escapen mientras aprenden la forma de girar la cintura, hacer swing y sacar el bat a velocidad para chocar la pelota.

Entre todos se cooperan mensualmente para cubrir los cuatro mil 500 pesos que se requieren para transporte, pago de umpires –árbitros de cada encuentro-, bats, equipo de protección, entre otros gastos.

Estrada hace cuentas: “zapatos: 600 pesos; uniforme, 500; casco, 250; guante, 600; suspensorio o protector, 300; bat de madera, 400, (porque el de aluminio cuesta 2 mil); umpire, 250 por equipo y a veces se necesitan 2; transportación para partidos, mil 500 a unos 50 km a la redonda; 100 pesos para pelotas”.

“Estamos arañando el presupuesto, pero los peques se entusiasman. A los partidos cada quien lleva sus alimentos y cuando recibimos a los equipos contrincantes, los papás traen alimentos para ellos también y convivimos cada ocho días”.

Aunque, debido al buen desempeño del equipo, la liga Olmeca del Distrito Federal, donó bates, no alcanza.  Estrada, quien no cobra un solo peso por entrenar, se quita la gorra que usa con el logo de los Atléticos, se rasca la cabeza y explica “es que no es tan barato como el fútbol” y luego sonríe: “vale la pena por ver a los peques entusiasmados”.

Y así, tarde a tarde, han pasado por el equipo más de cien muchachos de entre 7 y 18 años de edad. Actualmente, los Atléticos cuentan con 22 peloteros en dos categorías: infantil y juvenil.

Ganado, campo y “home run”

Antonio Estrada, trabaja como jornalero-vaquero en los campos que rodean a la estación de Bernal. Desde las cinco de la mañana se levanta para ordeñar a las vacas, lazar y vacunar a los animales y pastorear al ganado. Con el sueldo mínimo que recibe, mantiene a sus dos hijos –peloteros de los Atléticos-, una hija y a su esposa.

Junto con su hermano, con quien comparte la pasión por el béisbol, comenzaron a jugar con sus hijos en un pequeño potrero ahí, en la montaña. Las pelotas se perdían, pero algunos chicos, vecinos del lugar se acercaron para hacer sus primeras bateadas.

Fue así como decidieron, y para no perder tantas pelotas, cambiar de sede y desde entonces, todos los días, a partir de las cinco de la tarde y hasta que anochece, entrenan en un terreno baldío a orillas de la Calzada de la Media Luna, en pleno corazón de Tequisquiapan.

Ahí, empolvados y sudorosos, los niños y jóvenes atienden con seriedad cada instrucción del entrenador de 49 años de edad, quien también jugó como tercera base para el antiguo equipo local, “los Bagres”, esos peces que abundaban en el río cuando todavía sobraba agua en el pueblo, allá por los años 80, quizá una de las épocas doradas del béisbol en Tequisquiapan.

Estrada entiende lo que es la pasión y la fe, no en balde afirma que el béisbol es como su “religión”. No empezó joven, como los muchachos a quienes entrena. Su vida en el diamante empezó a los 25 años, pero desde entonces nada lo ha detenido.

Entre sus jornadas en el campo y batazos desde el potrero, se dio tiempo para atender distintos cursos que lo capacitaron  como entrenador reconocido por la Comisión Nacional del Deporte (CONADE) y hoy, es también guía de la novel selección local e integrante y presidente de consejos de béisbol a nivel regional o estatal.

La receta de sus logros es simple: “no todos tenemos la paciencia para mantener un equipo de beisbol. Han surgido otros semilleros, pero no hay paciencia”. Y tampoco mucho apoyo. Él, se agremió a una liga en San Juan del Río y es por ello que los muchachos de Tequis pueden ir a foguearse con otros equipos e incluso, algunos de ellos han sido llamados para jugar con la selección de Querétaro.

Los muchachos no se rinden

En la jaula de bateo, un niño de diez años de edad, le da y le da y le da a una pelota que, incansablemente, le envía otro niño de unos ocho años de edad, tarea que en un equipo con recursos, haría una máquina.

Después, se organizan para batear en un espacio un poco más amplio. Todo es entrenamiento. Quienes no batean, recogen bolas, pero absolutamente nadie está parado.

De ahí al campo. El pitcher, un niño talentoso de trece años -a quien los scouts o caza-talentos, ya tienen apalabrado-, se coloca en el centro del diamante mientras el entrenador grita la estrategia de la jugada y empieza el movimiento, con el sol queretano a plomo sobre ellos.

“Aquí nadie se cansa, los muchachos no se rinden”, afirma con seriedad y orgullo el vaquero.

Sólo la oscuridad los detiene y eso porque no hay alumbrado en el terreno baldío. Apenas cae el sol, el entrenamiento termina. Los niños, con algún familiar -porque no todos cuentan con padre y madre-, y el entrenador, regresan al día siguiente para continuar afinando estrategias, atrapadas, batazos.

Esta disciplina, que buscan incluso jugadores que llegan a Tequis desde San Juan del Río, fue la que los llevó a ser campeones en mayo del 2011 en la primera categoría libre y es su motivación para cada juego y torneo al que asisten.

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