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Viernes, 23 Octubre 2015 13:20

La leyenda de La Llorona

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La LloronaLa Llorona somos todas

Si una leyenda es conocida en México y es parte de nuestra identidad, es La Llorona. Pero hay un sin fin de versiones sobre el origen de su macabro y desgarrador llanto. Quizá la más conocida, es aquella de la mujer que se paseaba en las noches por las calles de la capital de la Nueva España buscando a sus hijos.

Pero en realidad, pareciera que lloronas hay muchas. Prácticamente no existe pueblo que no tenga su Llorona: la que llora en los caminos o en los puentes, la que llora en los acueductos, en las presas o en la orilla del río como SUCEDE EN TEQUISQUIAPAN. Porque somos un país de mujeres que lloran, y también luchan, trabajan y son fuertes tras de sus lágrimas. 

Mujeres que lloran por la violencia en los hogares y en las calles; por los hijos desaparecidos sin que nadie, nadie, sepa nada para luego ser encontrados en fosas clandestinas o simplemente nunca aparecer. Mujeres que lloran por los hijos que no tienen padre pero si mucha madre. La Llorona es al fin y al cabo, todas la madres que lloran por sus hijos, todas las mujeres que lloran por México.

GhostLa leyenda de la Llorona tiene sus raíces mucho tiempo atrás. Se dice que la víspera de la conquista de México-Tenochtitlan por Hernán Cortés y su ejército español, estuvo plagada de una serie de presagios que fueron posteriormente narrados por Miguel León Portilla en el libro “La Visión de los Vencidos”. Basado en códices y memorias de ese periodo, Portilla describe a una mujer a quien los mexicas llamaron Cihuacóatl (mujer serpiente diosa de los nacimientos) que deambulaba entre los templos de la gran capital azteca, anunciando la trágica caída de la gran Tenochtitlan: "Ay mis hijos, ya se acerca la hora de irnos, ay mis hijos, ¿a dónde los llevaré?".

Sin embargo, fue en el periodo colonial cuando la leyenda de la Llorona cobró la fuerza necesaria para filtrarse en la idiosincrasia mexicana. Se dice que todas las noches en punto de las once, cuando en la capital de la Nueva España sonaba el toque de queda, los habitantes se encerraban en sus casas a piedra y lodo. Las calles quedaban desiertas. Entonces, la oscuridad y el silencio se rasgaban con los largos y dolorosos lamentos de una mujer. "¡Ay, mis hijos!" repetía lastimosamente, estremeciendo los corazones hasta de los más valientes. Quienes se atrevían a asomarse, alcanzaban a ver la silueta de una mujer vestida de blanco, que flotaba sobre el empedrado de las calles y se detenía en la Plaza Mayor de la ciudad. Luego, la fantasmal figura se encaminaba a los rumbos del lago de Texcoco donde desaparecía con los primeros rayos del alba. ¿Quién era esa mujer cuyo rostro no se distinguía? ¿Por qué lloraba de esa manera? 

una mujer vestida de blancoSe cuenta que hubo una hermosa mujer indígena que se enamoró profundamente de un caballero español. Él sentía una gran pasión por ella, pero era mal visto que un noble se relacionara con una indígena, así que mantuvo en secreto sus amores, amores cuyos frutos fueron tres hijos. Pronto ella supo que él ya había acordado un conveniente matrimonio con una adinerada dama española. Humillada por el hombre que tanto amaba, la mujer enloqueció y ahogó a sus hijos. Después se suicidó. Ante las puertas del cielo, se le preguntó por sus pequeños. "No sé dónde están, mi Señor", respondió ella. Así, fue condenada a buscarlos toda la eternidad. Hay quienes afirman que, en su afán por ser aceptada en el cielo, la Llorona asesina y se lleva a los primogénitos de entre 1 y 5 años de edad para presentarlos a Dios como suyos. 

Y es así como un pueblo que fue despojado de “lo suyo” -de sus costumbres, su religión, su libertad-  ha expresado su dolor a través del llanto de su madre. Luego, luego la leyenda fue aderezada con el toque siniestro y, desde entonces, la Llorona ha aterrorizado hasta a los más valientes en todo el país y es sin duda la figura que más temor provoca en los mitos y leyendas mexicanas. ¿Quién no le temería a una mujer enloquecida o a una madre cuyos hijos le han sido arrebatados?  No hay mexicano que no le tema a la Llorona, que no haya pasado alguna noche de infancia en vela por miedo a que la Llorona se lo lleve. No hay mexicano que no le tema a la Llorona porque no hay quien no le tema a una madre, por lo menos a la suya… ¿o no?

 

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